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DETALLS DEL PROJECTE

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MICROPLIX

Las condiciones de partida del proyecto se resumen en la formulación del encargo por parte del promotor: “queremos hacer una ciudad con dos condiciones básicas, que sea para niños de 4 a 12 años y que se situará en un recinto cerrado”. La percepción de la ciudad por parte de los niños suele ser ambigua y fragmentada. Cuando describen sus paseos por la ciudad su relato se centra en una sucesión de episodios ordenados más o menos cronológicamente, donde las referencias urbanas están ligadas a una acción en concreto, y la descripción del espacio se limita a su tamaño: grande o pequeño. De esta manera lo primero que se reconoce es la distinción entre calle, avenida o plaza, es decir, espacios urbanos bien diferenciados. Se supone que también pueden distinguir otras categorías menos diferenciadas, pero en el imaginario infantil pueden tener mayor peso otras consideraciones más próximas a sus ojos o a sus intereses. La calle de la tienda “tal”, la plaza del quiosco “cual”, pero también se fijan en objetos urbanos muy concretos, como una alcantarilla, un banco, un semáforo torcido, que constituyen hitos de su entorno y que les permiten orientarse. Las ciudades tardan siglos en conformarse y sus ciudadanos necesitamos toda una vida para conocer y asimilar su complejidad. El proyecto de Micrópolix debe ofrecer herramientas para esa compresión, en poco espacio y tiempo a los niños que la visiten, como parte de su aprendizaje. Un collage tridimensional: así podríamos definir el criterio básico para proyectar la ciudad de Micrópolix, construída a partir de imágenes de Madrid y sus alrededores, tal como se refleja en los primeros bocetos del proyecto. Se trata pues de una ciudad teatral compuesta por edificios que conforman espacios urbanos de diferente carácter, tanto en su tamaño como en su ambientación, del mismo modo que se com¬ponen nuestras ciudades. La posibilidad de proyectar una urbe que no está sometida a la acción climatológica, a la organización del tránsito, que en buena medida definen su trazado, a la delimitación de la propiedad privada, e incluso a las leyes de la gracedad que rigen los sistemas constructivos, permite imaginar una amalgama de piezas urbanas dispuestas de forma onírica y hasta aleatoria, dentro de una caja escénica desprovista de forma y tamaño aparente. El edificio que contiene la ciudad se convierte en un gran escenario o caja negra para desdibujar sus límites y evitar cualquier referencia al tamaño del recinto. Cada espacio y edificio constituye una actividad en la que los niños participan, dirigidos por un monitor, jugando a ser adultos. Entre estas destacan el avión, con un simulador completo de vuelo; el circuito de educación vial, dotado de reproducciones de coches todo terreno y un trazado urbano complejo; el plateau de Televisión, con todo el equipamiento profesional para grabar programas de TV; el teatro; con caja escénica, varias escenógrafías y sistema de sonido profesional; la torre de bomberos y su camión, concebidos como una auténtica plataforma de entrenamiento de bomberos y un largo etcétera, hasta 50 actividades diferentes, todas diseñadas en este despacho.

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